¿Dónde está el espacio público? David Bravo Bordas
Cuando hay toque de queda, la plaza no es espacio público. Los espacios urbanos y su definición formal y material, objeto de la arquitectura y el urbanismo, no son condición suficiente para que tenga lugar lo que denominamos espacio público. En efecto, el espacio público es, como la democracia, algo frágil e intangible que tiene lugar de forma intermitente en un escenario físico que, a menudo, tras una tergiversación metonímica que toma el continente por el contenido, lo suplanta. Del mismo modo en que la democracia no es el parlamento, el espacio público no es la plaza; en realidad, ambos residen en la conciencia cívica de los ciudadanos. La plaza no es, pues, espacio público, sino el escenario donde este, en ocasiones, tiene lugar. A diferencia del espacio geométrico – atemporal y abstracto- el lugar es concreto y significativo. Un lugar no es más que un espacio atravesado por el tiempo, es decir, cargado de sentido. Cada individuo tiene la facultad de convertir espacios en lugares confiriéndoles un sentido. El espacio donde algo significativo le ocurra, por ejemplo, se convertirá para él en lugar. De forma análoga, las sociedades son también capaces de conferir sentidos y, en consecuencia, de generar
lugares colectivos. Sin embargo, aun provistos de sentido colectivo, estos lugares no son siempre espacios públicos. Este es el caso de los espacios de acceso público pero restringido, como los centros comerciales, los complejos turísticos o los parques temáticos.
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