El laboratorio humano

Ferran Sales/Barcelona/2006

El Fondo, en Santa Coloma de Gramenet, es un laboratorio humano, en poco más de 20 hectáreas conviven unos 18,000 ciudadanos, de los que el 35,26% son extranjeros de 60 nacionalidades diferentes. Los chinos, después de los españoles, se han convertido en los últimos meses en el colectivo de inmigrante más importante de este barrio, superando con creces al de los marroquíes, hasta hace poco hegemónico.

Un plan para convivir

Carmen Moraira, nacida en el mismo barrio El Fondo, se enfrenta a un importante reto: mejorar las condiciones de vida de sus conciudadanos facilitando al mismo tiempo su integración y relación.

“En este proyecto participan de manera unánime los mas de 100,000 habitantes de Santa Coloma, que comparten la necesidad de volcar recursos en el barrio para frenar su degradación y salvar así toda la ciudad”.

El diagnóstico de los males de El Fondo es complejo. Los expertos destacan en primer lugar una configuración urbanística difícil. Las calles estrechas, escasos espacios públicos, la inaccesibilidad de determinadas zonas, la ausencia de zonas verdes y la falta de planificación configuran el memorial de quejas de los vecinos. La llegada infrenable y permanente de nuevos extranjeros dificulta la solución.  

El equilibrio social de El Fondo empezó a resquebrajarse hace apenas 10 años, cuando irrumpieron en el barrio nuevas oleadas de inmigrantes extracomunitarios. Los primeros en llegar fueron los marroquíes, a los que siguieron ciudadanos procedentes de países asiáticos, especialmente chinos, pero también de Pakistán, Bangladesh e India. El grupo de habitantes procedentes de Asia constituye la cuarta parte de la población total de El Fondo. Los últimos datos del padrón aseguran que la población total del barrio se eleva a 17,459 habitantes, de los que 11,303 son españoles, seguidos de 1,863 chinos y 907 marroquíes.

Taufik Cheddadi, de 36 años, asegura: “la mayoría de los árabes de aquí somos marroquíes, oriundos de la zona del Tánger. Nos hemos instalados en El Fondo con la intención de quedarnos a vivir y construir nuestras vidas. Nuestros hijos están siendo escolarizados en castellano y catalán, pero sin perder por ello nuestras raíces árabes y por supuesto la lengua”.

Taufik Cheddadi se queja de la presión política y policial de que es objeto desde septiembre del 2001 la comunidad musulmana. Dice que en poco menos de dos años las fuerzas de seguridad han llevado a cabo tres redadas importantes en la zona amparándose en la lucha antiterrorista, y han detenido a militantes radicales. Las quejas también alcanzan a los chinos, una comunidad con la que los marroquíes se encuentran enfrentados. Marroquíes y chinos se disputan, algunas veces incluso físicamente, el control de los locales comerciales.

“Hace cinco años que estoy aquí. Escogí el barrio de El Fondo porque aquí vivían al menos  50 miembros de mi familia; todos procedemos de la misma aldea de la provincia de Zhejiang, El Fondo, quizá no sea el mejor lugar del mundo, pero aquí está mi casa”, explica Xan Yuai de 38 años, propietario de una zapatería situada a escasos metros de la plaza del Reloj.

Xan defiende la convivencia y la integración, no en vano su hija que tiene nueve  años, va a una escuela publica cercana, donde aprende al mismo tiempo el catalán y el castellano. En los ratos muertos la madre le enseña el inglés y los sábados por la mañana suele acudir a la otra punta del barrio, a una academia privada, para aprender  a leer y escribir chino con otros 200 compañeros.

 

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