Santa Chinatown de Gramenet

Xavier Benvenuty

La Vanguardia 14/11/2004

El barrio del Fondo de Santa Coloma De Gramenet, levantado por la inmigración andaluza en los años 60, anticipa hoy como vivirá la comunidad china de Catalunya. Nada de rollitos primavera. El entrante preferido de los chinos es la medusa aliñada. Y les encanta inmortalizar sus bodas con grandes retratos decorados con profusas y barrocas alteraciones digitales, un tanto exageradas y oníricas para el gusto catalán, como el sabor de la medusa.

Son artículos que no se encuentran ni en los queviures ni en Fotoprix. Sino en el supermercado oriental de los padres de Jessica, de 22 años, y en el estudio fotográfico de Pablo, de 28, en el barrio de Fondo de Santa Coloma de Gramenet, a media hora den metro de la barcelonesa plaza de Catalunya. Aquí, y en los alrededores, vivían en 1990 nueve chinos. Hoy son más de 4,000. Unos 15,000 en la comarca del Barcelonés. Algo más de 50,000 en España. La mayoría tiene los papeles en regla. Son un mercado que satisfacer. Necesitan medusas.

La medusa debe de conservarse en una especie de salmuera avinagrada. Jessica en realidad se llama Xiao Zhou, y Pablo, Xiaofeng Yu. Muchos chinos afincados fuera de su país adoptan nombres del lugar para facilitar su integración. Provienen de la provincia de Zhejiang, en el sureste chino

El antropólogo de la Universitat Autónoma dice que miles de chinos, principalmente de Zhejiang, llegaron a Santa Coloma a finales de los 90 traídos por las empresas textiles del polígono badalonés de Montigalá.

Beltrán  estudió Fondo por encargo Municipal en el 2002, mientras escribía para la fundación Jaume Bofill Els xinesos a Catalunya, “Ahora está sucediendo lo que pasó en Prato, en el área metropolitana de Florencia, una década atrás. Los empresarios locales ganaron mucho dinero subcontratando de modo legal a los inmigrantes. Pero los chinos siempre han visto la confección como temporal; y la moda que se inspira en grandes firmas para producir deprisa a menos coste, ha llegado a su tope de saturación”.

De supervivencia a negocio

Así que, sigue el antropólogo, los asiáticos invierten en abrir negocios especializados en las necesidades de sus compatriotas; cibercafés con software en mandarín, bares de comida rápida, herboristerías. La familia es la base de su sociedad y de sus sistemas de autoayuda en el extranjero; en unos años, Santa Coloma será un distribuidor de recién llegados por toda Catalunya”. Más de 40 millones de chinos viven en el extranjero, son la segunda diáspora del planeta.

Esperanza Esteve, comisionada para la inmigración del Ayuntamiento de Santa Coloma, completa la tesis de Beltrán. “Los chinos colomenses han dejado de coser para convertirse en inversores”. El siguiente paso es el mercado inmobiliario. Quieren ser propietarios para vender y alquilar. “Además, ponen los ojos en otras ciudades, aquí no queda espacio. Estos procesos de expansión ya se dieron en grandes capitales europeas, como Londres y París, hace algunos años. No es excepcional. Uno de los grandes retos de Santa Coloma es saber aprovechar todo este espíritu emprendedor, que su reciente potencial económico repercuta en toda la ciudad. Son buenos pagadores y siempre tratan de respeta la legalidad”. Desde hace años, una sucursal bancaria del Fondo tiene un empleado que habla mandarín.

En cualquier caso, agrega Esteve, la integración económica de los chinos no se corresponde con la social y cultural. A mucha gente no le gusta que sólo compren en sus comercios. Les molesta que no les entiendan, por mucho que griten. “Son muy autosuficientes, se apoyan unos en los otros, y apenas demandan servicios públicos, salvo la educación. Además, tienen un grave problema con el idioma. Sus problemas con los colomenses de toda la vida vienen de  los déficits históricos de la ciudad; alta densidad y falta de espacio. Si una familia cose  en su casa todo el día, el ruido acaba por enfadar a sus vecinos, lo que se agrava por la falta de comunicación”. Beltrán dice que no cuesta nada  hacer cursos de  idiomas por la radio, que seguro que los seguirán mientras trabajan.

“De pensamiento soy china; pero de comportamiento, occidental –dice Jessica en castellano. El catalán le cuesta, a pesar de llevar diez años en España.-La mayoría de los chinos no entiende ni el castellano ni el catalán, y no tienen interés en estudiar lo que no sirva para los negocios, solo les interesa trabajar, pero los niños van a la escuela y a aprenden idiomas, y cogen costumbres de aquí, poco a poco. No quiero pasarme la vida en el súper, aunque sea de mi familia.”

Los clientes pasa por caja con la vista en un poderoso culebrón oriental que emiten por la televisión. En la frutería de a lado un matrimonio chino aprende a pronunciar castaña: “¿catana?”, “no ¡cas-ta-ña!”, insiste la dependienta.

Aunque por ahora sólo hay gente a un lado, el de los asiáticos. “Los  catalanes deberían estar contentos de tenernos: creamos riqueza y no damos problemas. Cuando los colomenses ganan dinero se marchan, nosotros nos quedamos y abrimos nuevos negocios. Los catalanes no deberían de ser tan cerrados y negociantes, ni pedirnos alquileres más altos. Los chinos somos ciudadanos del mundo, y aquí se preocupan por un idioma que se habla sólo e un país muy pequeño”.

Pedir un año de alquiler por adelantado es también una forma de agresión. Los chinos inventaron la pólvora, la pasta, la tinta . Su país fue la potencia hegemónica de Asia durante siglos, antes de las invasiones europeas. Están orgullosos de su historia y su cultura. Ni quieren ser considerados como inferiores. Un viejo proverbio oriental dice que si todos estamos contentos y en paz, se genera dinero.

“Los chinos no son cerrados, son tímidos. No quieren llamar la atención”, dice Helena, Yuan Liu, de 29 años, directora de La Voz China y Chinalia Times, dos rotativos semanales en su mayor parte en mandarín que se distribuye por establecimientos orientales de España y de Portugal. Informan sobre leyes de horarios, procesos de regularización, como convalidar el carnet de conducción…, todo sazonado con noticias del corazón y cursos de idiomas. Algunas páginas en castellano, apara practicar. La redacción esta en el barrio del Fondo.

Las futuras generaciones

Un joven chino nunca se casará con una persona cuya lengua no entiendan sus padres. El mestizaje no llegará, como mínimo, hasta la tercera generación de chinos en Catalunya. Y la segunda generación aún no va al colegio. No es bueno un malo. El miedo no está en el aire, sino tras los ojos del que mira.

Hay clases de mandarín cada sábado en el barrio, una idea de los padres para no perder las tradiciones. En casa, los niños hablan alguna de las docenas de lenguas que hay en común, en el colegio de entre semana, catalán y castellano, como los demás niños, con los que no tienen problemas por ser asiáticos. Se siente chinos, y un poco españoles.

Lo que les gusta de Catalunya

“A los niños chinos les gusta país-dice Li Fan, de 28 años, directora de la escuela mandarín-, les gusta la libertad, les gusta la relación de igual a igual de los catalanes con sus padres, el mundo de posibilidades que se abren entre ellos, pero no saben que hacer con él. No saben de donde son, ni con  que reglas vivirán: si sus hijos les cuidarán en la vejez, como ellos harán con sus padres, o si les meterán en un asilo. No saben si deben gastarse el dinero en pasarla bien o guardarlo para sus nietos. Están algo desarraigados”.

Li aprende castellano para estudiar empresariales en Barcelona. El asunto no es dejar de ser chino para convertirse en catalán, sino de generar una nueva cultura. Existen 56 nacionalidades dentro de China, 56 y maneras de ser chino. para ellos, la 57 ha nacido al otro lado del planeta, junto al Besós.

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