El Vecino Chino

E. Winkels/P. Castán-Barcelona-26/09/04

El Periódico

La Plaza del Rellotge de Santa Coloma de Gramenet no tiene la amplitud de la de Tiananmen en Pekín, con sus dimensiones infinitas. Tampoco a ambos lados de esta placita triangular del popular Barrio de Fondo se erigen esas impresionantes puertas chinas que dan la bienvenida a los visitantes de los Chinatown de las ciudades del mundo como Nueva York, Londres o San Francisco. Pero no sería mala idea colocar esas puertas majestuosas también en Santa Coloma, a ambos extremos de la calle de Mossén Jacint Verdaguer, en honor a la colonia de inmigrantes que más crece y que, en poquísimos años ha cambiado por completo la fisonomía de esta parte de la ciudad. Cada mes se empadronan 86 nuevos chinos en Santa Coloma.

Catalunya ya tiene su Chinatown. “Hay que venir un domingo cuando la gente de aquí se va fuera. Entonces solo estamos los chinos en la plaza”, dice Ye Jin-yun el presidente de la Asociación de Empresarios y Trabajadores Chinos de Catalunya.

Santa Coloma es el paradigma de lo que está ocurriendo no solo en Catalunya, sino en toda España, sobre todo en zonas concentradas, con focos de industria especializada. Más de una década después del primer aterrizaje masivo de chinos, todos ellos restauradores, se vive la segunda oleada, mucho más amplia, de la inmigración china. En 1990, solo había 387 chinos censados en Catalunya. En 1996, eran 2,837. El pasado 10 de junio, sólo entre Barcelona (7,195), Santa Coloma (3,377) y Badalona (2,827) se sumaba ya 13,399 chinos empadronados. La cifra real, incluyendo los irregulares, es ligeramente superior.

Y como el mercado de restaurantes chinos está saturado desde mediados de los noventa, los recién llegados han ido descubriendo y abriendo otros negocios, como las tiendas de regalo a todo a 100, los talleres de confección y la venta al mayor, Joaquín Beltrán, profesor del Centre d´Estudis Internacionals i Interculturals de la Universitat Autónoma de Barcelona y autor de numerosos estudios sobre los inmigrantes chinos, entre ellos Xinesos a Catalunya de la fundación Jaume Boffill; relata –las corrientes de inmigración no se detienen, y al no encontrar trabajo en los restaurantes, los chinos buscan otras salidas. Sobre todo esos negocios que necesitan poco capital de inversión-.

En Fondo abundan los restaurantes sin rótulos en castellano, por lo que desde fuera no se ve lo que son, y donde acuden a comer los propios chinos de barrio.

Y así, en el Chinatown catalán han surgido comercios por y para los chinos aunque, por supuesto otras nacionalidades están invitadas a hacer ahí sus compras. Además de supermercados, peluquerías, joyerías, zapaterías, tiendas de ropa, una autoescuela e incluso un periódico semanal La Voz China, que incluye información tanto de España como del mundo y de la propia China, escrito todo en mandarín.

Pero la barrera del idioma y la actitud siempre discreta algo desconfiada, de la comunidad china, además de los recelos de los autóctonos hacia el inmigrante, ha dificultado una mayor integración entre los dos mundos. “Habitualmente se han visto forzados a desarrollar comunidades relativamente aisladas de la sociedad general, al ser prácticamente autosuficientes y depender de los propios recursos” según Joaquín Beltrán.

Pero este aspecto, el panorama ya está cambiando, poco a poco. En los colegios del norte del Barcelonés ya se ven cada vez más alumnos asiáticos. De todos los nacimientos que hubo el año pasado en Santa Coloma, el 4.5% eran bebés de padres chinos, una fecundidad favorecida de por la edad media de los chinos inmigrantes, unos 28 años.

Mientras que los padres están dedicados por completo al trabajo y apenas tienen tiempo para aprender el castellano e integrarse, los hijos se adaptan con su habitual rapidez y fluidez.  

El cambio de actitud de los hijos de la primera generación que llegó a España ya se empieza a mostrar, porque ya hay unos 100 estudiantes chinos inscritos en las universidades españolas. En Catalunya hay ahora 2080 chinos escolarizados.

El polígono de Montigalá ha servido como el gran imán para los miles de chinos que han aterrizado en los últimos años en el Barcelonés. Ahí en el norte de Badalona, el negocio de la moda pronto, confección y colecciones casi inmediatas para prácticamente el 90% de las tiendas españolas se ha convertido en el segundo centro de distribución más grande de Europa, tras Milán. –Los chinos traemos fortuna a los españoles porque pueden comprar más barato. Por eso el ciudadano está contento- dicen los pioneros de la economía global.  

 

Leave a Comment