Los nuevos estereotipos

La percepción negativa del magrebí beneficia la imagen del inmigrante chino

03/10/2001

La Vanguardia

Nadie pronostica incidentes con los asiáticos –cuya mala imagen se limita al impago de impuestos, la tendencia a saltarse las colas y el hermetismo-. Los “moros” son el grupo que suscita reservas cuando no franca animadversión. . “Llevo nueve años y no me siento maltratado en mi barrio, porque los vecinos me conocen. Pero yo diría que al 80% de los españoles del Fondo no les gustan los marroquíes”, comenta Abdelmouniar en un castellano preciso. Otros compatriotas son más drásticos: “¿Qué quieres que hagamos con estos niños criados en la calle y sin familia? Cuando les dices algo, te contestan que no te metas en sus asuntos. Nos echan mierda a nosotros”, dice un marroquí que no desea dar su nombre y que ha tenido que cerrar su peluquería en Terrasa.

Los chinos, en cambio, son “invisibles” y tienen una imagen aséptica. Es decir, pasean y pululan por las calles en un número similar o, incluso, superior a los magrebíes, sin que nadie se inquiete a su paso. Su lenguaje denota que proceden de varias regiones de la República Popular y apenas hablan castellano, lo que les blinda ante la curiosidad del periodista. El chino es receloso con el desconocido y solo se le abre cuando ha entrado en su círculo de amigos o familiares. Raramente se “integran” porque ningún país o cultura ajena les parece mejor a la suya. Les da igual, incluso en Estados Unidos la comunidad china mantiene su pureza, a diferencia de todos los inmigrantes, cuya máxima aspiración es “disolverse” y alcanzar el estatus de norteamericano lo antes posible. No son conflictivos, claro: “lavan” la ropa sucia entre ellos, jamás acudirán a la policía española para que les resuelva nada.

En el Fondo, además son las “victimas” de la delincuencia callejera de los magrebíes menores. “Así es. Yo he visto a dos jóvenes compatriotas corriendo detrás un grupo de chinos. Seguro que les habían atrancado o robado”, admite Abdelmounair.

“Costará más, pero ganaremos su integración-señala Jaume Sayrach, que vio desde su parroquia la configuración exitosa de este barrio-.

Es la historia de siempre; los contados catalanes del barrio recelaban de los primeros andaluces, los andaluces de los chinos, los chinos de los magrebíes y los marroquíes de los subsaharianos, que ya llegarán.

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