CIUTAT VELLA: LA MEMORIA POSIBLE

Claudio Zulian

Al comienzo del libro L’invention du quotidien, Michel de Certeau establece dos categorías conceptuales que sostienen después todo un sugestivo análisis de la cultura de lo cotidiano: estrategias y tácticas(1) . La estrategias “postulan un lugar susceptible de ser circunscrito como propio”, y también un “poder del saber”; las tácticas, que constituyen los recursos de los “débiles”, se definen en cambio como acciones determinadas por la ausencia de un espacio propio, y suponen una característica astucia. Las estrategias, en síntesis, definen el campo de juego y las reglas, mientras las tácticas organizan las maneras de jugar en campo ajeno (impuesto) esquivando las reglas (impuestas). Se trata de un par conceptual que podría ser pertinente para intentar un análisis del grueso de la memoria y de la cultura actual de Ciutat Vella.
En efecto, desde que, a partir de la segunda mitad del siglo pasado, las clases medias y altas abandonan el centro de la ciudad por el nuevo ensanche y por sus contornos, Ciutat Vella va adquiriendo de manera progresiva el aspecto de un conjunto de barrios esencialmente populares. Las capas populares autóctonas y las diferentes oleadas de inmigrantes -catalanes, españoles y extranjeros- que irán asentándose en el “distrito “(2), actuarán según clásicos parámetros tácticos: aprovecharán lo ya construido, y en todos los diferentes episodios de transformación del marco urbanístico, cultural y legislativo, intentarán colar, en la medida de lo posible, modos de ocupación del espacio, relaciones sociales y formas de subsistencia originales y heterodoxas.
Naturalmente, a lo largo del tiempo, los habitantes de Ciutat Vella ocuparán posiciones diferentes e incomparables respecto a los proyectos estratégicos que irán afectando su distrito: nada tienen que ver la exclusión radical de la postguerra, con la atención y las ofertas de participación de antes de la guerra civil o de la democracia restaurada. Sin embargo, como muestra Certeau, las culturas tácticas son heterogéneas respecto a los rasgos estratégicos generales de la civilización, y en cierto sentido se sitúan más allá de las contingencias políticas. Es esta la razón por la cual incluso proyectos y actuaciones fundados en ideas de progreso y justicia, pero de cariz estratégico, pueden llegar a tener aspectos paradójicos. En Ciutat Vella podemos hallar varios ejemplos de estas aporías, particularmente visibles en razón del hecho que se producen en un espacio donde la mayor parte de la población tiene comportamientos tácticos. Citaremos aquí dos de estos ejemplos, con la única intención de apuntar, a través de dos nudos emblemáticos, un camino de reflexión cuyo cumplimiento requerirá a buen seguro un esfuerzo genuinamente interdisciplinario y de largo alcance. Se trata de la cuestiones de la promiscuidad y de la venta ambulante.
La promiscuidad se problematiza en el ámbito de la reflexión sobre la superpoblación de las ciudades y la falta de higiene que con ello se relaciona. En Ciutat Vella la ocupación intensiva del espacio urbano intramuros en la primera mitad del siglo pasado, da pié a reflexiones y estudios fundamentales de Cerdà(3) , Gracia Faria(4) , y de los arquitectos del GATEPAC(5) . Estos últimos publican en 1937 un número de la revista AC dedicado al Distrito V, donde, una vez establecida la cadena conceptual Maquinismo : Irrupción de la gente del campo : Superpoblación : Insalubridad : Mortandad, afirman: “En la parte vieja de la ciudad, los niños… predispuestos con frecuencia por una herencia morbosa difícil de modificar, desarróllanse, al mismo tiempo, en un ambiente alejado de toda idea sana y optimista de la vida”(6) .
A esta visión progresista y sin embargo estratégica -asentada como está en un “poder del saber”- se oponen las percepciones de muchos vecinos que recuerdan: “…abans la gent hi vivia a les botigues, és a dir, que totes les botigues del barri tenien vivenda, i els propietaris i els que portaven la botiga hi vivien. És clar, ens coneixiem tots. Els nanos ja anàvem a l’escola junts. Hi havia un ambient molt familiar”(7) . O también:”…mi infancia callejera y en completa libertad, me permitió vivir un niñez feliz…Los chiquillos, en las horas que no estábamos en la escuela, las pasábamos casi todas en la calle, que bullía de gente por todas partes”(8) . Vecinos, estos, que recuerdan con aprecio un ambiente en que la “emigration intérieure”(9) de la casa burguesa todavía no se había impuesto, y la calle era aun el lugar de todas las maravillas -especialmente de la contemplación de la foule-(10) . En términos vivenciales se trataba sin duda para ellos de un medio “sano y optimista”, de características, sin embargo, no homologadas por las ideas de progreso.
Por otra parte, la venta ambulante ha sido objeto, a lo largo del siglo, de una encarnizada persecución en aras de aquellos valores de higiene, reglamentación y control, que han sido pilares generales e indiscutibles de las estrategias de modernización(11) . En Ciutat Vella, los vendedores ambulantes constituían uno de los elementos más característicos del paisaje: “Había meloneros…y vendedores de pescado ambulantes…de pirulís de caramelo… el barquillero… los vendedores de globos de colores, molinillos de viento…los vendedores de helado en verano, los vendedores de ungüento de la serpiente, de crece-pelos, extirpa-callos, curanderos, limpiabotas, charlatanes…”(12) . Pero en la óptica de algunos vecinos no se trataba sólo de un medio de subsistencia, precario mas siempre disponible, sino también de una actividad que tenía una dimensión ética, ligada a una percepción de la libertad y al gusto -clásico de las culturas tácticas(13) – por la “buena jugada”: “…ibas tú a tu aire y nadie te mandaba… Tú te levantabas y, bueno, ¿dónde voy?… A lo mejor un día me ganaba tres, y otro día no me ganaba ninguna…te entrabas en los bares, oye mira llevo esto, llevo una radio, llevo lo otro, pilas, piezas de mechero, de aquellos que antiguamente vendían paquetes de cien, me iba allí abajo a las Siete Puertas y entonces un paquete de 100 piezas me valía 10 pesetas y yo las vendía a 25″(14) .
Estos dos breves ejemplos muestras a las claras hasta que punto pueden ser inesperadamente antitéticas las visiones de una misma forma de vida, y como en la memoria de Ciutat Vella se pueden rastrear con facilidad las aporías clásicas de los proyectos de desarrollo modernos y contemporáneos.
Pero además, el distrito tiene algunos rasgos específicos que le otorgan una rica originalidad, y con ello le hacen todavía más importante respecto a la cultura general de la ciudad. La aceleración temporal que han sufrido los cambios culturales en Barcelona, donde, como en otras ciudades del sur de Europa, el advenimiento de la cultura del consumo de masas ha sido reciente y rápido, ha dado lugar, en Ciutat Vella, a la acumulación de una gran diversidad de culturas tácticas, algunas sólo recordadas -como las de nuestras citas anteriores-, otras añosas y sin embargo aun en activo, y otras nuevas por completo. Una investigación atenta y detallada puede traer a la luz, en estos momentos, las jugadas casi premodernas de antes de la guerra civil, o las más difíciles e incluso trágicas que tuvieron lugar en los duros años 70 y 80. Además, la llegada de inmigrantes extranjeros en la última década ha enriquecido enormemente el repertorio, con aportaciones exóticas debidas a costumbres y percepciones espaciales y temporales diferentes.
El conjunto de estas culturas conforma un riquísimo acervo de formas de vida urbana, que ha sido, por lo general, obviado. Pero existe actualmente una “posibilidad” de memoria y de consideración para tales culturas, debido a las grietas que aquejan todos los modernos proyectos estratégicos de ciudad: la revisión a la que desde diferentes disciplinas se está sometiendo la idea de un progreso homogéneo y beatífico, el resurgimiento de la percepción y afirmación de lo local, que desmiente la homogeneización moderna de tiempos y espacios, el reaflorar de las religiones, son ejemplos del resquebrajamiento de las ideas que guiaron las estrategias de los últimos dos siglos. En esta situación de crisis, las culturas que aquí hemos llamado tácticas tienen una ocasión para colarse y ejercer una extensa función crítica. Acogerlas puede significar interrogarse sobre la memoria general de la ciudad, sobre el sentido de lo que se está acometiendo, y atreverse a dar con respuestas novedosas. Un estudio de las tácticas habitativas, por ejemplo, podría sugerir nuevas soluciones arquitectónicas y urbanísticas. Incluso en el horizonte de la reflexión general sobre lo global y lo local, Ciutat Vella podría ofrecer, a la ciudad toda, originales sugerencias: por una parte sus culturas aúnan un perfecto conocimiento del entorno a una extrema movilidad -”la ciudad es algo así como un bosque en que vivir como cazadores furtivos “(15)-, perfilando un concepto de lo local característico y diferenciado; y, por otra parte, los inmigrantes que vienen de países lejanos se relacionan de manera peculiar con los medios de comunicación más modernos, como Internet, mostrando una percepción de lo global igualmente específica y diferenciada. No son estos más que leves esbozos del papel fundamental que, para Barcelona, podrían jugar la vital aleación de culturas que conforma Ciutat Vella ahora. Pero, para que ese papel se pueda cumplir, habrá que hacer sitio con cuidado y respeto a esas memorias y esas culturas, escucharlas y aprender de ellas. Podrá entonces acontecer una fértil abertura para la imaginación y el deseo de ciudad.

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1. Certeau, Michel de; L’invention du quotidien, París, Gallimard, 1990. Vol.1, Pag. 59.
2. “Distrito” es utilizado aquí de modo genérico para indicar el conjunto de Ciutat Vella, puesto que la percepción de sus habitantes aun distingue los diferentes barrios que la componen.
3. Cerdà, Ildefons; Monografía estadística de la clase obrera en Barcelona en 1856, en Teoría general de la Urbanización, Madrid, 1867.
4. García Faria, Pedro; Insalubridad de las viviendas de Barcelona, Barcelona, 1890.
5. A.C: documentos de actividad contemporánea/publicación del GATEPAC, nº6 y 25, edición facsímil Barcelona, G. Gili, 1975.
6. AC, nº 25, Op. cit., pag. 20. El libro de A. Pizza, Dispensario Antituberculoso de Barcelona, 1933-1937, Almería, Colegio de Arquitectos de Almería, 1993, aporta útiles precisiones sobre la complejidad de las posturas de los arquitectos del GATEPAC.
7. “Antes la gente vivía en las tiendas, o sea, que todas las tiendas del barrio tenían vivienda, y los propietarios que llevaban la tienda vivían allí. Y claro, nos conocíamos todos. Los niños ya iban a la escuela juntos. Había un ambiente muy familiar”. Millá, Lluís; vecino de la calle S. Pau. Comunicación personal. Esta comunicación, junto la otra que se citará a continuación, forma parte de la documentación recogida en ocasión de la exposición Escenas del Raval, organizada por el autor en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, marzo/mayo 1998. Esta documentación se publicará en el catálogo de la exposición que está en preparación.
8. Magich i Capella, Joan; Ayer. Inédito. pag .3 y 7. Un libro “doméstico” de memorias personales, que describe con amorosa precisión el ambiente de la calle S. Jerónimo y alrededores, en los años 30.
9. Sennett, Richard; La conciencia del ojo, Barcelona, Versal, 1991. Pag. 36 y siguientes.
10. Historia de la vida privada, Tomo 8, Ph. Ariès y G. Duby ed., Madrid, Taurus, 1991; pag.16 y siguientes.
11. La Cecla, Franco, Perdersi, L’uomo senza ambiente, Roma, Laterza, 1996; pag 63 y siguientes.
12. Magich i Capella, Joan; op. cit.
13. Certeau, Michel de; op.cit.
14. Comunicación personal.
15. Historia de la vida privada, op. cit. pag.18.
Publicado en el catálogo de la exposición Barcelona 1979/2004, Barcelona, Ajuntament de Barcelona, 1999.


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