Entrevista a Santiago Cirugeda por Ramon Parramon

Outskirts Artist. Santiago Cirugeda
(Estea entrevista está pendiente de publicación en el catálogo del conjunto de esposiciones “Politics and Space” comisariado por Marco Scotinila realizadas en Como y que Santiago Cirugeda participó en el 2007 con la exposición “Quiero una casa”)

Estamos en un momento en que se empieza a entender que la labor que el arte desarrolla o puede desarrollar, abarca unos campos mucho más amplios que los que los que tradicionalmente se le otorgan.
El arte es una práctica transversal, con capacidad de relacionar cosas, de impulsar nuevas, de evidenciar otras y con posibilidad de incidir activamente como elemento transformador de algunos aspectos de la realidad social. El arte pierde sentido cuando se plantea como disciplina independiente y carece de él cuando es disciplinado. Esta visión del arte que para ser requiere relacionarse con algo, no es ampliamente compartida. Todavía en la actualidad muchos siguen hablando del arte como una práctica sublime, una experiencia casi divina. Recientemente asistí a una conversación que mantenía Norverto Chaves con alumnos de una escuela de diseño en Barcelona. Puso especial énfasis al diferenciar la práctica del diseño, ligada al oficio y a la función social, de la del arte. El arte, según este diseñador y teórico, es producto de una experiencia metafísica, alcanzable en restringidos casos, y por limitadas personas. La experiencia artística, desde esta perspectiva, se convierte en una comunión entre el creador y el espectador, mediante este objeto irrepetible, único y extrasensorial que es la obra. Pensaba que las experiencias desarrolladas a lo largo de todo un siglo, habrían desmitificado esta visión del arte. Las múltiples prácticas que entorno al arte han construido una dimensión poliédrica hacen que esta visión, aún romántica, no se ajuste a una dimensión contemporánea de la realidad de sus prácticas.

De hecho el arte requiere de personas que se posicionen social y políticamente entorno una forma de entender y activar prácticas culturales y en relación con múltiples realidades existentes. No para mantener el estatus social y político, sino para convertirse en una actividad más dentro de la trama social y política, adquiriendo un rol activo. En este sentido es importante remarcar la labor que desarrollan ciertas instituciones o programas independientes a la hora de posibilitar la existencia de estrategias que permitan activar prácticas creativas en territorios concretos. Hablar de programa quiere decir hablar de un proceso de trabajo extendido en el tiempo, una inmersión en el lugar y la posibilidad de desarrollar un proyecto en una parcela del espacio público que interactúa en el ámbito social.

Asistimos a una proliferación de propuestas que promueven una implicación social y política a través de diferentes modos de utilizar el trabajo de los artistas. Un crecimiento importante que, de no hacerse bien, puede poner en peligro la credibilidad y el potencial de ciertas prácticas creativas a la hora de promover formas de activar la participación de los individuos, a la hora de despertar conciencias críticas, o plantear cambios posibles. La seriedad de este tipo de prácticas y la necesidad de establecer objetivos a largo plazo tienen que plantearse desde la lógica de una responsabilidad social.

En la línea de comentar tácticas y posicionamientos que permiten desarrollar proyectos en el espacio público desde esta vertiente de implicación social, es pertinente observar el trabajo que viene desarrollando Santiago Cirugeda. Él como arquitecto, artista y comisario, ha transitado recientemente por múltiples programas, exposiciones o bienales que han mostrado un interés por los planteamientos que ha impulsado insistentemente en su ciudad, Sevilla. Su trabajo es un proyecto a largo plazo, adquiere fuerza en la suma de intervenciones, implicaciones con colectivos, workshops que se extienden casi las 24 horas del día. El proyecto “Quiero una casa” que presentó en Como dentro del ciclo Politics and Space comisariado por Marco Scotini, constituye una estrategia de visualizar y comunicar parte de lo que el viene desarrollando. Su entregada labor está orientada a convertirse en un servicio público, poniendo el dedo en la llaga en las carencias sociales, los vacíos legales y activando un conjunto de estrategias que sólo tienen sentido si son acogidas por colectivos que le den la continuidad que persigue.

Santiago Cirugeda es un outskirts artist, porque él quiere ser y es arquitecto. Se convierte en artista siempre que pretende hacer algo que no podría bajo la etiqueta de arquitecto. Es un intruso que utiliza el arte para convertirse en activista, consciente de que opera dentro de las propias reglas indisciplinadas que posibilita el arte.

La entrevista que se presenta se la hice a Santiago Cirugeda a mediados de 2004 y complementada en conversaciones posteriores. Sus comentarios siguen vigentes en la imparable actividad que desarrolla. Su testimonio contribuye a dibujar la necesaria existencia de planteamientos que permiten producir y poner de relieve el carácter de servicio público que, bajo ciertas circunstancias, pueden alcanzar las prácticas artísticas.

RP- ¿Cómo pones en relación la legalidad en el ámbito del espacio público?
SC- Tanto en el desarrollo profesional de mi trabajo como en la docencia, siempre he hecho mucho hincapié en que el ciudadano acuda y conozca como estamos ordenados. En la medida que la gente conozca mejor cuales son sus derechos y cuales sus limitaciones, podrán intervenir en la ciudad o en el desarrollo de un proceso creativo de una manera muy distinta de cómo lo harían si no tienen estos conocimientos. Yo me autoexijo que la gente se entere. La ilegalidad que aparentemente es invisible, es latente. Habitualmente el artista tiene una excepción legal. Lo que plantea el artista pasa por encima de la legislación porque tiene un permiso explícito por parte de la institución para poder desarrollar su trabajo. Yo lo que exijo es que haya un conocimiento previo que incidirá en las causas, de lo que puede saltarse o no.

RP- ¿Tu trabajo va orientado a cualquier ciudadano, de forma que adquiera este conocimiento y pueda adquirir un protagonismo a la hora de actuar?
SC- Los ejemplos que yo hago son ejemplos de un uso razonable y razonado de la legislación, animando a la gente a que pueda usarlo; que luego la gente podrá malversarlo igualmente. Propongo nueva vías de trabajo personal. Yo ya conozco a muchos artistas que lo están utilizando, que están trabajando sobre la legalidad como base teórica o intelectual para debatirla o como base social y urbana. Me preocupo mucho en que se difunda por prensa cotidiana o incluso en la página web que se llama “Recetas Urbanas” (www.recetasurbanas.net). La primera frase que sale en esta página web es que cualquiera puede utilizar este contenido. Cualquiera puede reapropiarse de las ideas que se presentan y reproducirlas.

RP- ¿En qué manera es importante el vínculo con el lugar? ¿En qué medida puede influir en tu trabajo el hecho de actuar en el lugar donde vives habitualmente, o la circunstancia de actuar en otros contextos menos familiares?
SC- Nada impide que yo pueda trabajar en otros sitios. Mi trabajo se basa en el hecho de verificar unas leyes propuestas por políticos o técnicos de la administración pública, que una vez implantada, se impregna de la realidad social y cultural del lugar. Donde yo se perfectamente como funciona esta ley es en mi entorno, Andalucía y sobre todo Sevilla. Puedo entender las faltas y carencias de esta ley en el uso social de la calle. Esto puedo extrapolarlo a Madrid, Cataluña o Milán. Para mi es necesario el lugar no solo como ente físico, sino como mezcla de interacciones múltiples, de ciudadanos, de agentes económicos, de agentes culturales, de anonimatos; para entender que todo este sistema generado está más o menos controlado por la ley. Una ley, es una institución, un sistema de control que da muchos beneficios para aquellos que no tienen fuerza para demandarlo. Obviamente, es necesaria esta legislación pero es exitosa en la medida que permite ciertos grados de libertad al ciudadano. Les protege pero les permite ciertas libertades. Cuando no se ven estas libertades, yo lo que pretendo es ir abriendo ciertos grados de libertad para que la ley sea más coherente con el entorno social en que se implanta.

RP- ¿Cómo puede ser utilizado tu trabajo por parte del ciudadano?
SC- Mis proyectos son muy cercanos a lo que muchos ciudadanos quisieran hacer, porque muchos de ellos parten de peticiones vecinales, por ejemplo los columpios en Sevilla. Propuse una estrategia o una fórmula con la que los ciudadanos podían instalar estos columpios en la calle, a partir de ciertos vacíos legales que la institución plantea. Dependerá de las energías, las ganas o la valentía de colectivos ciudadanos de continuar con la propuesta. Igualmente en el caso de las ampliaciones legales de la vivienda, que constituye una demanda pública de mucha gente que no puede comprar una vivienda para los hijos. La comunicación o vínculo directo con la población es trabajar con temas cotidianos muy próximos a ellos. El tema recurrente en el arte público de modificar el uso del espacio público en beneficio del ciudadano, es similar a las pretensiones de mi propio trabajo. Lo que pasa es que en mi trabajo se habla de propuestas cotidianas que la gente ya tiene previstas. La mayor parte de elles ya están planteadas por la ciudadanía. Soy un ejecutor de cosas que la gente ya quisiera hacer.

RP- ¿Es necesaria la existencia de programas en el mundo del arte que posibilitan que se puedan desarrollar prácticas como las que tú propones, o son prácticas que pueden o deben existir fuera de los márgenes de la existencia de éstos?
SC- Las producciones artísticas en las que me interesa participar son las que posibilitan un proceso abierto, que no finaliza en un periodo concreto de tiempo. Que el trabajo siga latente en el entorno urbano en que has trabajado. Que haya dejado la semilla para que algo cambie. No me creo los programas de arte que acaban en el momento que se publica. Me interesan procesos que pueden continuar los mismos ciudadanos. Esto va más allá de la historia del objeto que tiene un momento limitado. Incluyendo en ello la pérdida de control por parte del artista que ha generado el proceso. Un proceso que tú nunca vas a terminar y que al ser entregado a lo público tienes la certeza que va ser manipulado y cambiado, con la idea previa de que esto es lo que te interesa. A nivel de urbanismo es eso que nunca vas a dibujar porque existirá siempre. A nivel de arte aquel proceso que tú una vez desaparecido, queda.

RP- Hace unos años en una entrevista que te había realizado con motivo de participar en IDENSITAT, surgió un tema que tu plantabas por el hecho de que tu intervención se enmarcaba en un programa basado en una lógica de activar la producción; tú evidenciabas o cuestionabas la existencia de una cierta presión consistente en formalizar un proyecto.
SC- A veces digo que soy un mal profesional del arte. Las pocas veces que acepto participar en algo, nunca doy certeza. En cierta ocasión Marta Kuzma, comisaria de Manifesta 5, me proponía participar en el evento. Yo le dije, mira he estado en Arteleku, vuelvo a Donosti, pero no te puedo garantizar nada. El programa, para mi nunca debe obligar ni exigir, ya se que a nivel curatorial es muy complicado, porque tu propones unos nombres y debes cumplir, pero creo que es importante plantear un programa muy abierto en la que los tiempos se puedan modificar. Cuando son programas que se basan en procesos deberían contemplar esta idea procesual que puede afectar los tiempos de realización. Más con una pretensión de inserción real de estos procesos, que con una actuación predefinida y ajustada a unos tiempos propios del programa. El programa debe existir pero debe ser abierto.

RP- Estaría bien que hablaras de tu trabajo ubicado en esta frontera, estos intersticios que desde el arte se pretende actuar. Tú vienes de la disciplina de la arquitectura pero tu trabajo tiene un interés desde el ámbito del arte, tiene interés desde la práctica arquitectónica, tiene interés desde la práctica del comisariado o incluso desde el ámbito de la legislación.
SC- Yo he aparecido de un mundo ajeno al arte aunque si que tiene mucha connotaciones, pero por la misma relación que se ha creado por parte del mundo del arte sobre mi trabajo, exigiría que la gente que participa desde el mundo del arte, desde el comisariado en no pedir, no exigir a los artistas una producción predefinida. Yo veo al artista como una persona que, sin un objetivo final, va desarrollando una labor con un contenido plástico, y en esta línea de trabajo van apareciendo una serie de circunstancias que van contribuyendo a orientar y definir el proyecto. Yo sería muy crítico con el sistema instaurado en el que se exige al artista que cada equis tiempo realice un proyecto, una dinámica de producción constante adaptada a los foros que permiten y exigen esta continua actividad. Cosa que pone muy en duda la validez de muchos trabajos. Proyectos que pretenden intervenir socialmente o de una forma crítica en el contexto y que en veinte días o un mes han despachado cosas que requieren un tiempo y un conocimiento mucho más profundo. Ya no solo que dure, sino que tenga una repercusión real en este foro. Tipos aburrido como por ejemplo el trabajo de Jordi Claramonte de la Fiembrera. Es un caso clarísimo de esta falta de incidencia y continuidad real.
Yo también comparto contigo esta idea de trabajos a largo plazo, pero también soy consciente de que es compleja su existencia. De hecho no existen programas planteados con esta perspectiva de largo plazo, normalmente son posicionamientos y estrategias personales, las que evidencian que esto existe.
Yo no se si podría existir un programa curatorial planteado desde esta perspectiva de largo plazo, con realizaciones de workshops, etc. También es verdad que para mantener estos proyectos debes contar con una cierta estabilidad. Es necesaria una involucración personal pero también un respaldo institucional.

RP-¿Conoces otros proyectos que participen de esta idea a largo plazo, ya sea porqué has participado o porque tengas referencia de ellos?
SC- Hombre IDENSITAT teóricamente formaría parte de uno de estos proyectos. Tiene una historia y también una evolución. A mi me interesa mucho la gestión real de las cosas, nunca se cuenta salvo a los amigos en un bar. Pero los miedos y los cambios políticos, la implicación y la presión de otras instituciones de rango mayor, todo esto es importante para evaluar lo que a la gente les interesa del arte, si solamente es un foro mediático donde puedan difundirse ellos mismos o realmente extraer unos trabajos y unas conclusiones que les puedan a ellos interesar. Cuando yo participé, sentí que había poca cercanía con el Ayuntamiento de Calaf durante el proyecto. Como no veo complicidad pues me largo. Es difícil plantear un proyecto de estas características en un marco municipal, tú lo sabes mejor que nadie. Si hago un proyecto en Bruselas ya habrá otra gente que lo evalúe, pero no en si mismo el proyecto.

RP- Tú en Madrid trabajaste con el colectivo de Lavapiés. Creo que esto es también una forma de incidir en proyectos a largo plazo.
SC- Mi proyecto real no es colaborar directamente con Red Lavapiés, mi proyecto consiste en crear un ejemplo que me sirva en mi pelea particular en Sevilla, que es sacar la ordenanza, de repente encauza un trabajo de intervención propuesto por MAD’03 con un trabajo de año y medio de ocupación de un solar para plantear una ordenanza. Entonces colabora con una entidad que tiene su particular guerra en Lavapiés, en Madrid y ocupamos conjuntamente un solar, en este caso creando un objeto que le de capacidad habitabilidad al lugar. Lo que yo hago es aparecer, construir el proyecto con ellos, explicarlo y desaparecer, porque mi objetivo final, aparte de que le pueda servir a esta gente, es volver a Sevilla y decirles: “en Madrid hay gente trabajando en la ocupación de solares”. El elemento constructivo ha estado cinco meses y medio montado. Ahora el recurso de ordenanaza que estamos trabajando en Sevilla para que sea aprobado por el ayuntamiento, que actualmente es mucho más progresista que el de Madrid, va a servir para que la gente de Lavapiés pueda utilizarlo y plantearlo a su ayuntamiento. Es una estructura de trabajo producido en un entorno de arte que tiene todo el entramado oportuno para hacer este trabajo.

Ramon Parramon. Artista. Director de IDENSITAT. Profesor en ELISAVA Escola Superior de Disseny.


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