Roquetes: unas mejoras a medio gas

Un nuevo parque y la urbanización de algunas de las calles más empinadas empiezan a ser visibles. Faltan equipamientos y ejecutar expropiaciones

BLANCA CIA – Barcelona – 28/01/2008
El País

A la Ley de Barrios de la Generalitat, una de las primeras que aprobó el Gobierno de Pasqual Maragall, se le llamó la lotería en los municipios que resultaron agraciados. Por dos motivos: porque la primera entrega coincidió, casi, con el sorteo de Navidad de 2004 y porque suponía una inyección de dinero extra para poner en forma a barrios de ciudades de todos los tamaños que lo necesitaban con urgencia. Los presupuestos de los consistorios no suelen estar para muchas alegrías, y afrontar según que tipo de proyectos -sobre todo urbanísticos que requieren expropiar y volver a construir- puede resultar imposible. Por eso, las subvenciones del Gobierno catalán -que costea la mitad de la inversión de cada proyecto- son tan importantes. La primera entrega fue a 12 barrios de otras tantas ciudades. En total, 197,7 millones de euros a pagar a medias entre el Gobierno y cada consistorio. No se trataba sólo de piedra. La ley obliga a abordar diferentes aspectos: mejora del espacio público, rehabilitación de viviendas, tecnología de la información, fomento de la sostenibilidad, programas de mejora social y supresión de barreras arquitectónicas. Al tercer año -el plazo expira a finales de 2008-, el grado de cumplimiento de cada proyecto de la primera entrega es desigual. Los menos han alcanzado casi todos los objetivos; los más están a medias, y para alguno ya se plantea pedir una prórroga porque se necesita más tiempo. El grado de cumplimiento depende de muchos factores. Uno, importante, es que ya hubiera un proyecto de reforma en marcha. Otro, que haya o no procesos de expropiaciones, porque son lentos. “La media de cumplimiento es del 50% o el 55%, pero más allá de los ritmos, lo más importante es el impulso que se genera”, considera Oriol Nel.lo, director de Planificación de la Generalitat. Quiere decir que si la Administración se arremanga para rehabilitar barrios deteriorados urbanística y socialmente, la iniciativa privada se sube al tren. EL PAÍS inicia un chequeo del estado de los primeros barrios que recibieron las ayudas. De las mejoras y de lo que todavía falta. Los que siguen son dos barrios de Barcelona: Santa Caterina, en Ciutat Vella, y Roquetes, en Nou Barris.

Roquetes es uno de los Nou Barris de Barcelona colgado de Collserola. Y más, todavía, la parte más alta, al pie del mirador de Torre Baró. Es un barrio en el que el saludo en la calle es normal, hasta con desconocidos. “Buenos días”, dice, sonriente, una mujer ya mayor, con delantal y transportando una cazuela de barro tapada con un trapo de cocina. Es la hora de comer. Va de una casa a otra de la calle de Llobera. Ésa es una de las calles que han sido reformadas. Se nota: vados nuevos, aceras impecables y pivotes prácticamente a cada metro para evitar que aparquen los coches. Uno de los recodos es tan empinado que han instalado una barandilla para asegurar el paso.

El barrio está a punto de estrenar un nuevo parque al pie de Torre Baró

Los vecinos se quejan de la lentitud de las expropiaciones

40 mujeres asistirán a un curso de formación profesional

“Sí, es todo nuevo y también el alcantarillado. Ya estaba asfaltada, pero claro, tenía 40 años y muchas cosas las hicimos nosotros”, explica la señora al preguntarle cómo van las mejoras. Roquetes fue uno de los primeros 12 barrios agraciados con la lotería -así la llamaron todos los agraciados- de la Ley de Barrios de la Generalitat, que se puso en marcha a finales de 2004.

Roquetes, un barrio prácticamente de autoconstrucción por la llegada masiva de la inmigración nacional de la década de los cincuenta, cumplía todos los requisitos. Y le concedieron la ayuda: 11,1 millones de euros aportados a medias entre la Generalitat y el Ayuntamiento. Tres años después, los proyectos que se tenían que ejecutar se han realizado en parte. “El grado de cumplimiento es del 47% y calculamos que no se podrá agotar en el plazo de los cuatro años, así que pediremos una prórroga”, explica Josep Maria de Torres, gerente del Instituto Municipal de Urbanismo (IMU).

En el caso de Roquetes, la parte del león del proyecto son reformas urbanísticas de calles y dos expropiaciones. Y es lo que está más verde en la ejecución: “aproximadamente se ha realizado el 20%”. “Hay cosas que sí, otras que no, otras en parte y otras que no estaban previstas y finalmente se han incluido”, explica Amparo Iturriaga, presidenta de la Asociación de Vecinos de Roquetes. En el balance positivo se encuentra, por ejemplo, la urbanización de las calles de Llobera, Romaní y Pla de Fornells. Otra calle importante que casi no ha empezado es la de Artesanía.

Lo mismo ha ocurrido con la reforma de la plaza de Roquetes, que no se emprenderá hasta que acaben las obras del metro. Se trata de la prolongación de la línea 3 del metro a partir de Canyelles hasta Trinitat Nova, donde enlazará con la L4 y la L11. Roquetes tendrá una estación. Por cierto, que el túnel discurre bajo muchos edificios de viviendas -a 70 metros de profundidad- y a ningún vecino se le ocurre protestar ni empapelar sus balcones contra la obra.

Lo que sí está prácticamente terminado es el nuevo parque del barrio, al que llaman “aromático”, aunque su nombre es el de Rodrigo Caro. “Lo que no se ha hecho, y nos parace muy mal, son las expropiaciones previstas para mejorar la parte alta del barrio y todo el plan alrededor del mercado de Montserrat”, apunta la representante vecinal.

Uno de los problemas que tiene el barrio es la calidad del parque de viviendas. Muchas son de autoconstrucción -casitas bajas- y las más altas, de baja calidad. El plan preveía destinar 1.360.000 euros a la rehabilitación de los elementos comunes de los edificios: como las instalaciones de agua, electricidad, escaleras, ascensores y terrados. De acuerdo con los datos del IMU, 22 fincas -representan 240 pisos- han pedido esas subvenciones y se han terminado ocho. Sólo se han colocado dos ascensores. “Hay muchas fincas en las que no se pueden poner porque no caben de ninguna manera”, señala Iturriaga. Comenta que hay mucha gente mayor que no puede sufragar la parte del gasto que le corresponde.

Capítulo aparte son los equipamientos públicos, a los que se consignaron 2.429.000 euros. En la lista se incluyeron siete, pero sólo están listos tres: el centro de entidades Toni i Guida, el local de la Asociación de Vecinos de Roquetes y el Ateneo Popular de Nou Barris: dos modernos y vistosos edificios situados en la parte más alta del barrio.

Las mejoras previstas de un polideportivo no han concluido y tampoco se han realizado un centro de servicios sociales y un casal infantil. “El punto de atención a la mujer [casos de violencia doméstica] está en la sede central del distrito”, concreta Iturriaga. “En cambio, la guardería nueva no estaba incluida y se ha realizado”, matiza. Lo mismo ocurre con un aparcamiento y una zona de juegos infantil en la plaza de Salvador Puig Antich que no estaba incluida en el proyecto, pero que los vecinos la consideran una mejora de la Ley de Barrios: “Es que aquí hay mucho por hacer”, sentencia la dirigente vecinal. Dice que la Ley de Barrios tiene un poco de trampa: “Está bien todo lo que suponga mejorar la calidad de vida, pero hay algo de tramposo porque durará más de cuatro años”.

A veces hay intervenciones que no son muy grandes -y tampoco requieren una inversión muy alta- y, sin embargo, son muy apreciadas. Eso ha pasado, por ejemplo, con la supresión de unos huecos en dos escaleras: “Eran rincones problemáticos y ahora ya no”, resume una vecina. En el caso de Roquetes hay una peculiaridad que no favorece la agilización de los proyectos y las obras: hay tres operadores diferentes realizándolas, y eso siempre es un lío.

Si las mejoras urbanísticas, la rehabilitación de viviendas y la red de equipamientos sociales son los tres pilares de los proyectos de cada uno de los barrios, los planes de componente social son también importantes. Roquetes tiene una población inmigrante situada en torno a un 29% que en los últimos años se ha hecho más visible a pie de calle, con la apertura de varios locutorios y tiendas en la parte más alta del barrio. Tiene, desde siempre, una población importante gitana.

“Hay muchas mujeres que trabajan en la limpieza y cuidando a los abuelos y el problema es que no tienen formación y trabajan de cualquier manera y sin estar aseguradas. Por eso se planteó un programa de formación”, explica la dirigente vecinal. El curso arrancará ahora para formar a 40 mujeres.


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